La frecuencia cardíaca es el número de veces que el corazón late por minuto. Indica cómo funciona el corazón y cómo responde el cuerpo en distintas situaciones: reposo, ejercicio, estrés o enfermedad. Suele coexistir con otros factores de riesgo: presión alta, resistencia a la insulina, colesterol elevado y obesidad.
En adultos sanos en reposo, la frecuencia cardíaca suele estar entre 60 y 100 latidos por minuto. Este valor puede variar según la edad, el nivel de actividad física, el estado de salud, las emociones o el estrés. Con el paso de los años, es normal que la frecuencia cardíaca máxima disminuya de forma gradual.
Factores como el ejercicio, estrés, ansiedad, fiebre o dolor, algunos fármacos(beta-bloqueadores, antagonistas del calcio…), problemas hormonales (tiroides), enfermedades como anemia, diabetes, obesidad o problemas del corazón y hábitos como como el tabaquismo, el consumo de alcohol y la apnea del sueño pueden contribuir a la alteración de la frecuencia cardíaca.
Una frecuencia cardíaca elevada se asocia con mayor riesgo de eventos cardiovasculares (arritmias, infarto, insuficiencia cardíaca, accidente cerebrovascular), incremento de la presión arterial y daño a vasos sanguíneos.
En personas muy activas o deportistas, una frecuencia baja en reposo (<a 50 l/m) puede ser normal. Si se acompaña de mareos, cansancio extremo o desmayos, debe ser evaluada por un profesional de salud. En pacientes con comorbilidades cardiovasculares, insuficiencia cardíaca o trastornos de conducción, frecuencias cardiacas bajas, no ocasionadas por fármacos, problemas hormonales o metabólicos, enfermedades como desnutrición, anorexia o problemas del sistema nervioso y/o alteraciones del sistema eléctrico del corazón, deben ser estudiadas.
En personas con enfermedades del corazón, mantener una frecuencia cardíaca adecuada ayuda a que el corazón trabaje mejor y con menos esfuerzo. Controlar la frecuencia cardíaca y consultar ante valores persistentemente altos o síntomas es una forma simple de cuidar la salud cardiovascular.
La actividad física aeróbica regular, como caminar rápido o nadar, hace que el corazón se vuelva más fuerte y eficiente, permitiéndole bombear más sangre con menos esfuerzo. Además, hábitos saludables como no fumar, comer de forma equilibrada, moderar el consumo de cafeína, manejar el estrés, mantener un peso adecuado y controlar la presión arterial y el azúcar en sangre ayudan a mantener una frecuencia cardíaca normal y a cuidar la salud del corazón.
Puedes medir tu frecuencia cardíaca de dos maneras sencillas:
Tomando el pulso en la muñeca
- Pon el dedo índice y el dedo medio entre 1 y 2 en la parte interna de la muñeca, justo debajo de la base el pulgar, ejerciendo una leve presión, hasta sentir los latidos.
- Cuenta los latidos durante 30 segundos y multiplica por 2. Si el pulso es irregular, se debe contar el número de latidos durante sesenta segundos.
Con dispositivos automáticos: Los tensiómetros electrónicos y algunos relojes o pulseras digitales pueden medir la frecuencia cardíaca de forma automática.
Debe tomarse a primera hora de la mañana, después de una noche de sueño reparador, se recomienda realizar la medición en posición sentada, tras al menos 5 minutos de reposo en un ambiente tranquilo. Se debe evitar consumir cafeína o excitante (bebidas de cola, café, etc.) en las horas previas a la medición.
En algunos casos, el médico puede indicar fármacos para controlar la frecuencia cardíaca, especialmente en personas con enfermedades del corazón.
Concepción Fernández
Febrero 2026

