Después de un infarto u otro problema cardiovascular, el riesgo de nuevas complicaciones sigue presente si no se controlan adecuadamente los factores de riesgo. La rehabilitación cardíaca cumple un papel clave en la recuperación: ayuda a prevenir nuevos eventos del corazón y a mejorar la calidad de vida de estos pacientes. Los mayores beneficios se observan en personas que han sufrido un infarto, que se han sometido a una angioplastia coronaria, una cirugía de bypass, una cirugía valvular o un trasplante cardíaco, pacientes con insuficiencia cardíaca y pacientes con arteriopatía periférica. También pacientes con arritmias, después de la ablación (en especial fibrilación auricular) o del implante de un desfibrilador automático.
Los programas de prevención secundaria y rehabilitación cardíaca combinan evaluación clínica, asesoría nutricional, manejo de factores de riesgo, apoyo psicológico y entrenamiento físico. Su objetivo es reducir el riesgo cardiovascular, fomentar hábitos saludables, frenar el avance de la enfermedad y mejorar el pronóstico a largo plazo. Lo ideal es comenzarlos comenzando entre una y dos semanas después del evento.
Las intervenciones son realizadas por un equipo multidisciplinar formado por médicos, enfermeros, fisiólogos del ejercicio, dietistas, trabajadores sociales y psicólogos, que adaptan el plan a las necesidades de cada paciente.
La rehabilitación cardíaca permite:
- Adoptar hábitos de vida saludables y mejorar la calidad de vida
- Aumentar la capacidad física mediante ejercicio supervisado
- Reducir síntomas como el dolor en el pecho y la falta de aire
- Controlar los factores de riesgo del corazón
- Mantener correctamente los tratamientos a largo plazo
- Disminuir los reingresos hospitalarios y la mortalidad cardiovascular
- Facilitar la vuelta a la vida cotidiana y al trabajo
Plan personalizado
Antes de iniciar un programa de rehabilitación cardíaca, el cardiólogo realiza una valoración completa del paciente que incluye entrevista clínica, exploración física y pruebas como análisis de sangre, prueba de esfuerzo o ecocardiograma. Con ello se determina el nivel de riesgo (bajo, moderado o alto) y la capacidad de ejercicio de cada persona. A partir de esta evaluación, cada persona recibe un plan personalizado, según tipo de enfermedad y estado funcional.
Al inicio de cada sesión se comprueba que el paciente esté estable y sin síntomas que indiquen problemas agudos.
El plan incluye:
- Ejercicio supervisado (cardiovascular, fuerza, flexibilidad y equilibrio), con control del ritmo cardíaco en pacientes de mayor riesgo
- Seguimiento de la presión arterial, el colesterol, la glucosa y el peso
- Apoyo para dejar de fumar y controlar el estrés y otras enfermedades asociadas
- Control de signos vitales antes, durante y después del ejercicio
Cómo se realiza
Los pacientes asisten a 36 sesiones de rehabilitación cardíaca, cada una de una hora de duración, durante un período de 12 semanas.
Se realiza una evaluación inicial y seguimiento continuo de progreso en ejercicio, nutrición, factores psicosociales y control de riesgos.
Al finalizar el programa, se ajusta el plan y se define un seguimiento a largo plazo con cardiólogo o médico de cabecera. El paciente continúa con ejercicio y seguimiento médico para consolidar los cambios en el estilo de vida, controlar los factores de riesgo cardiovascular y mantener la capacidad funcional alcanzada.
Puede realizarse de forma presencial en hospitales o clínicas, o desde casa con el mismo equipo profesional y contenidos del programa. En la modalidad domiciliaria, el seguimiento se hace por teléfono, videollamadas o mensajes, ya sea durante el ejercicio o en otros momentos del día.
También existen programas híbridos que combinan sesiones presenciales con control en el hogar, facilitando el acceso al tratamiento sin perder eficacia.
Los pacientes de riesgo muy bajo pueden entrenarse en centros de salud o instalaciones deportivas, siempre bajo la supervisión de un médico de familia o un especialista en medicina del deporte que hayan sido formados en rehabilitación cardiaca y siempre de forma coordinada con el cardiólogo de una unidad de rehabilitación hospitalaria.
Concepción Fernández
Febrero 2026

