El trasplante cardíaco consiste en sustituir un corazón enfermo por otro sano de un donante fallecido y se indica en pacientes con insuficiencia cardíaca avanzada que no responden a otros tratamientos. Es el tratamiento más eficaz para mejorar la supervivencia y la calidad de vida, aunque está limitado por la disponibilidad de órganos y requiere una estricta selección previa para descartar contraindicaciones (infecciones activas, neoplasias, o enfermedades sistémicas graves).
La cirugía comienza con la extracción y preservación del corazón del donante, que debe trasladarse en condiciones muy controladas y en el menor tiempo posible. Mientras tanto, el receptor es preparado en quirófano con anestesia general y monitorización continua.
La intervención se realiza con circulación extracorpórea, que sustituye temporalmente la función del corazón y los pulmones. Se retira el corazón enfermo y se implanta el nuevo, conectándolo a los grandes vasos.
Tras la cirugía, el paciente ingresa en la Unidad de Cuidados Intensivos o de Cuidados Cardiológicos, generalmente en aislamiento para prevenir infecciones, con monitorización continua. Desde fases tempranas se inician medidas de recuperación precoz, como la alimentación progresiva lo antes posible (entre 12 y 24 horas) y la movilización gradual.
El nuevo corazón, al estar “desconectado” de los nervios, puede latir más lento o con menor capacidad de adaptación, por lo que puede ser necesario administrar fármacos o utilizar un marcapasos temporal para mantener un ritmo adecuado. Además, se emplean fármacos inmunosupresores para evitar el rechazo, junto con medicación para prevenir infecciones y controlar posibles complicaciones.
Las principales complicaciones postoperatorias incluyen el rechazo del injerto, infecciones, arritmias, disfunción del injerto, sangrado o necesidad de reintervención y efectos de la medicación (hipertensión, diabetes o problemas renales).
El pase a planta de hospitalización, suele ocurrir tras 2-3 días de estabilidad hemodinámica, también en aislamiento, con cuidados similares a los de una cirugía de revascularización coronaria.
Al alta tras un trasplante cardíaco, la implicación es clave para cuidar el nuevo corazón y mantener una buena calidad de vida.
El tratamiento médico debe tomarlo siempre tal como le indiquen, sin olvidos ni interrupciones, ya que evita el rechazo del corazón. Incluye fármacos que bajan las defensas para proteger el órgano, fármacos para prevenir infecciones en los primeros meses y otros para controlar el colesterol y cuidar las arterias.
Se recomienda una dieta equilibrada tipo mediterránea, baja en sal y grasas (evitando el consumo de alimentos crudos o poco hechos), y un control estricto de los azúcares, ya que inmunosupresores y corticoides pueden elevar los niveles de azúcar en sangre.
Tras la fase inicial de rehabilitación, realizar ejercicio físico de forma regular (idealmente entre 3 y 5 veces por semana) fortalece el organismo y protege el corazón.
Es importante protegerse del sol usando fotoprotección alta, ya que la medicación aumenta el riesgo de lesiones en la piel y consultar ante cualquier mancha nueva.
Las vacunas son aconsejables, siempre que no sean de virus vivos. En cuanto a la conducción, podrá retomarse cuando no haya síntomas, siguiendo las normas de tráfico.
Se recomienda permanecer cerca del hospital durante los primeros meses y evitar viajes largos o al extranjero el primer año.
Consultar siempre ante fiebre >37.8°C, dolor o aumento de volumen en la zona del órgano, fatiga extrema, dificultad respiratoria, cambios en la orina , diarrea/vómitos persistentes, aumento rápido de peso y molestias en la herida.
El seguimiento médico será continuo, con revisiones frecuentes y después más espaciadas. Durante el primer año se realizan pruebas específicas, como biopsias del corazón, analíticas, electrocardiogramas y ecocardiografías constantes
Concepción Fernández
Febrero 2026
