Los latidos del corazón se producen gracias a impulsos eléctricos que se originan de forma ordenada y permiten que el corazón bombee la sangre correctamente.
Las arritmias son alteraciones de ese ritmo, haciendo que el corazón lata demasiado rápido, lento o de forma irregular. Pueden notarse como palpitaciones o “saltos” en el pecho, aunque a veces pasan desapercibidas.
Pueden aparecer por enfermedades del corazón, alteraciones hormonales o de minerales, o por el uso de fármacos, drogas o estimulantes. Si no se controlan, pueden tener consecuencias importantes como ictus, insuficiencia cardíaca o, en casos graves, muerte súbita.
También pueden provocar mala circulación de la sangre, formación de coágulos y una disminución de la calidad de vida por síntomas como cansancio o mareos.
Las arritmias cardíacas se clasifican según su origen y características:
El origen: Supraventriculares (en las aurículas, como la fibrilación auricular) o ventriculares. La frecuencia: Taquicardias (>100 latidos por minuto) o bradicardias (< 60 latidos por minuto). La duración: Continuas o paroxísticas (episodios que aparecen y desaparecen).
En general, las arritmias supraventriculares suelen ser menos graves, mientras que algunas ventriculares requieren un control médico más estrecho.
Los síntomas de las arritmias pueden ir desde leves hasta graves, o incluso no notarse. Lo más habitual son las palpitaciones (latidos rápidos, irregulares o “saltos”), cansancio, falta de aire, mareo o sensación de desmayo y, en casos más graves, pérdida de conciencia. Con menor frecuencia se presenta dolor en el pecho o ansiedad.
El diagnóstico se basa en relacionar los síntomas del paciente con registros del ritmo del corazón. La primera prueba suele ser el electrocardiograma, pero sólo permite detectarla si está presente en ese momento. Cuando en el electrocardiograma no se detectan, se utilizan sistemas de monitorización continua, como el Holter, que registra el ritmo durante varios días, o monitores implantables, bajo la piel, que pueden controlarlo durante meses o años.
La ecocardiografía, permite evaluar la estructura y el funcionamiento del corazón. Si los síntomas aparecen con el esfuerzo, puede realizarse una prueba de esfuerzo. En casos especiales, se realiza un estudio electrofisiológico, que analiza el sistema eléctrico del corazón y puede tratar algunas arritmias.
Los análisis de sangre ayudan a identificar causas que pueden desencadenarlas, como alteraciones en minerales, problemas hormonales o enfermedades de otros órganos.
El tratamiento de las arritmias depende de su causa, tipo y de cómo las tolere el paciente. Lo primero es corregir los factores que pueden desencadenarlas, como ciertos fármacos, hipertensión, alteraciones hormonales o de minerales, problemas del corazón o el consumo de estimulantes (cafeína, alcohol o drogas).
En pacientes estables, se utilizan medicamentos para controlar la frecuencia o el ritmo del corazón y prevenir coágulos. Si la arritmia no se corrige, puede realizarse una cardioversión eléctrica, una descarga controlada que ayuda a recuperar el ritmo normal.
En situaciones graves o inestables, la cardioversión eléctrica debe hacerse de forma urgente. Las bradicardias pueden requerir un marcapasos, y las arritmias ventriculares, más peligrosas, pueden necesitar fármacos, ablación o un desfibrilador automático implantable para prevenir complicaciones graves.
Los hábitos de vida saludables ayudan a reducir la aparición de arritmias y a mejorar el control del ritmo cardíaco.
Es importante evitar sustancias estimulantes, como la cafeína y el alcohol, así como abandonar el tabaco y no consumir drogas como la cocaína o las anfetaminas, ya que pueden desencadenar alteraciones del ritmo.
La alimentación debe ser equilibrada, favoreciendo un buen control de las sales minerales del organismo, ya que sus desequilibrios pueden afectar al funcionamiento eléctrico del corazón. También es fundamental seguir las recomendaciones dietéticas para controlar enfermedades asociadas, como la hipertensión.
Además, se recomienda consultar siempre con el médico antes de iniciar nuevos medicamentos, ya que algunos pueden favorecer las arritmias.
Ante síntomas como palpitaciones, mareos o cansancio excesivo, es importante consultar si aparecen o empeoran.
Concepción Fernández
Actualizado febrero 2026
