La aorta es la arteria principal del cuerpo. A través de ella, el corazón bombea sangre rica en oxígeno en cada latido para distribuirla a todos los órganos. Anatómicamente se divide en cuatro partes: raíz aórtica, situada en la unión con el corazón; aorta ascendente, que lleva la sangre directamente desde el corazón; arco aórtico, donde la arteria se curva y nacen las ramas que irrigan la cabeza y los brazos; y aorta descendente, que recorre el tórax y el abdomen hasta dividirse en las arterias que irrigan las piernas.
Entre las enfermedades más frecuentes de la aorta se encuentran los aneurismas, que son dilataciones anormales con riesgo de rotura; la disección aórtica, que consiste en un desgarro de la pared de la arteria; y la coartación aórtica, un estrechamiento presente desde el nacimiento. Algunas evolucionan lentamente, como muchos aneurismas, mientras que otras pueden convertirse en emergencias médicas graves, como el síndrome aórtico agudo, que incluye la disección aórtica, el hematoma intramural y la úlcera aórtica penetrante.
El principal factor de riesgo para desarrollar la enfermedad de la aorta es la hipertensión arterial. También influyen el tabaquismo, el colesterol elevado, la edad avanzada, la diabetes, algunas enfermedades pulmonares crónicas y causas genéticas o hereditarias, como los síndromes de Marfan o Loeys-Dietz, que afectan especialmente a la aorta torácica.
Otros factores que pueden aumentar el riesgo son el embarazo en mujeres con enfermedades hereditarias de la aorta, la apnea obstructiva del sueño y ciertas enfermedades inflamatorias o infecciosas. Los traumatismos torácicos graves, cirugías previas o esfuerzos físicos intensos pueden desencadenar una disección o una rotura en personas predispuestas.
Los síntomas pueden variar según la parte de la aorta afectada y el tipo de enfermedad, y en algunos casos pueden no aparecer hasta fases avanzadas.
El diagnóstico se realiza principalmente mediante pruebas de imagen. La ecocardiografía permite valorar la aorta torácica y, en situaciones urgentes como la sospecha de disección, puede realizarse por vía transesofágica para obtener imágenes más precisas. La ecografía abdominal se utiliza para detectar y vigilar aneurismas de la aorta abdominal. Otras pruebas muy importantes son la tomografía computarizada con contraste (angioTAC), que ofrece imágenes detalladas de toda la aorta, y la resonancia magnética, útil cuando no puede utilizarse contraste o para el seguimiento a largo plazo.
El tratamiento El tratamiento depende del tipo de enfermedad, su localización y tamaño, la presencia de síntomas y las características de cada paciente. Puede incluir tratamiento médico para controlar los factores de riesgo, técnicas endovasculares mínimamente invasivas o cirugía abierta cuando sea necesario. El objetivo es prevenir complicaciones graves y proteger la función de la aorta.
Los hábitos de vida saludables y el control de los factores de riesgo son fundamentales para evitar complicaciones. La medida más importante es dejar de fumar, además de evitar drogas estimulantes y limitar el consumo de alcohol.
Se recomienda seguir una alimentación saludable, mantener un peso adecuado y controlar de forma estricta la presión arterial, el colesterol y la diabetes.
La actividad física moderada, como caminar o nadar, suele ser beneficiosa, pero deben evitarse los esfuerzos intensos, el levantamiento de grandes pesos y los deportes de contacto, ya que pueden aumentar bruscamente la presión arterial.
El seguimiento médico periódico es esencial para vigilar la evolución de la enfermedad y adaptar el tratamiento cuando sea necesario. Estas medidas ayudan a reducir el riesgo de crecimiento o rotura de la aorta y a mejorar la calidad de vida.
Concepción Fernández
Actualizado febrero 2026

