La pericarditis es la inflamación del pericardio, membrana delgada y resistente que rodea y protege el corazón. Está formado por dos capas, con una pequeña cantidad de líquido entre ellas, que impide que rocen entre sí y causen fricción. El pericardio fija el corazón, limita sus movimientos, lo protege de infecciones u otros problemas que puedan producirse en los órganos y tejidos contiguos y evita su distensión o dilatación excesiva.
Las dos complicaciones más graves de la pericarditis son la pericarditis constrictiva y la pericarditis crónica.
Estadios clínicos de la pericarditis
Pericarditis aguda: Dolor torácico pleurítico y/o postural que aparece de forma repentina ( ?4 semanas), con o sin derrame pericárdico.
Pericarditis recurrente: Se produce entre 4 y 6 semanas después de un episodio de pericarditis aguda. Sin síntomas en ese espacio de tiempo.
Pericarditis subaguda: Los síntomas persisten más de un mes y menos de tres meses. Requiere tratamiento óptimo para prevenir la cronificación.
Pericarditis crónica: Los síntomas son más leves, se manifiestan de manera paulatina y duran más de 3 meses.
Pericarditis constrictiva: A veces, la pericarditis causa un engrosamiento y un endurecimiento significativo del pericardio, dificultando el llenado de los ventrículos.
Pericarditis efusiva: La inflamación del pericardio se acompaña de un acúmulo anormal de líquido en su interior (derrame pericárdico). Si este líquido aumenta en exceso, puede comprimir el corazón e impedir que bombee sangre adecuadamente, provocando un taponamiento cardíaco, una emergencia médica potencialmente mortal.
Causas
En la mayoría de los casos, se desconoce la causa que provoca la enfermedad (pericarditis idiopática). Otras causas incluyen:
- Infecciones: víricas (VIH, COVID-19 o influenza) o bacterianas, como la tuberculosis.
- Infarto de miocardio o daño al corazón tras una cirugía o traumatismo torácico.
- Procedimientos intervencionistas y cirugía cardiaca.
- Enfermedades inflamatorias/autoinmunes sistémicas y cáncer (especialmente cáncer de pulmón y de mama, o linfomas y leucemia)
- Radioterapia: la pericarditis generalmente aparece un año después.
- Fármacos como anticoagulantes, antiarrítmicos y/o neurolépticos.
Sintomas
Los síntomas pueden variar de un paciente a otro y en función de la fase de la enfermedad. El síntoma típico de la pericarditis aguda es el dolor torácico postural, agudo y penetrante, que aumenta de intensidad con la respiración, los movimientos torácicos, al tumbarse y con la tos y mejora al sentarse e inclinarse hacia adelante.
A veces, por irritación de las membranas que rodean los pulmones y el diafragma, dolor pleural: punzadas, ardor o pinchazos alrededor de los pulmones y al respirar. El dolor muscular y articular puede aparecer como un síntoma adicional.
Otros síntomas menos frecuentes incluyen disnea, fiebre, sensación de debilidad general y fatiga y palpitaciones o sensación de latidos irregulares. También hinchazón en piernas o abdomen por acumulación de líquido, síntomas de insuficiencia cardiaca.
Cómo se diagnostica
Examen físico para auscultar el corazón y determinar si existe roce pericárdico.
Electrocardiograma(latidos/ritmo del corazón) y radiografía de tórax(tamaño y forma del corazón).
Análisis de sangre general y biomarcadores (signos de daño cardíaco, inflamación e infección).
Ecocardiograma para ver cómo bombea el corazón y/o derrame o engrosamiento del pericardio.
Resonancia magnética cardíaca para evaluar signos de inflamación y/o fibrosis miocárdica y pericárdica.
Biopsia endomiocárdica (una muestra del músculo cardíaco), en casos específicos.
Pruebas genéticas específicas si fuera necesario.
Análisis del líquido extraído del pericardio, para determinar la causa del derrame.
Tratamiento
El objetivo del tratamiento es disminuir el dolor y la inflamación del pericardio y corregir el derrame pericárdico si es necesario. Dependerá de la causa y la gravedad de la pericarditis. A veces, requiere ingreso hospitalario en las fases iniciales.
Para tratar la pericarditis idiopática, se recomienda permanecer en reposo relativo hasta que remita el dolor y tomar fármacos antiinflamatorios.
Los fármacos para aliviar el dolor y reducir la inflamación incluyen la aspirina y los fármacos antiinflamatorios no esteroideos (AINE) como el ibuprofeno, y la colchicina para reducir la duración de los síntomas y la probabilidad de recaída. En ocasiones, fármacos inmunosupresores para curar la inflamación miocárdica. Los efectos secundarios son principalmente gastrointestinales e incluyen dolor abdominal, náuseas, vómitos y diarrea.
Si la pericarditis se debe a una infección bacteriana, el tratamiento puede incluir antibióticos.
A veces, dependiendo de la gravedad de la enfermedad, pueden ser necesarios procedimientos como:
- Pericardiocentesis y drenaje pericárdico, mediante aguja y catéter, guiado por ecocardiografía, en caso de taponamiento y/o derrames moderados a grandes sintomáticos que no responden a la terapia médica. Raramente puede ocasionar sangrado, infección o daño en el corazón. Puede utilizarse para administrar fármacos directamente en el pericardio, como corticosteroides o quimioterapia.
- Ventana pericárdica (una abertura en el saco de líquido que rodea el corazón, en caso de taponamiento cardiaco) o derrames pericárdicos grandes que siguen reapareciendo.
- Pericardiectomía: Extracción total o parcial del pericardio, si se ha vuelto excesivamente rígido, como en la pericarditis constrictiva y en casos crónicos y permanentes de pericarditis.
Recomendaciones
- Dieta equilibrada y baja en sal si hay síntomas de retención de líquidos.
- Hidratación adecuada.
- Reposo durante la fase aguda de la enfermedad.
- No realizar actividades físicas extenuantes, entrenamientos intensos, esfuerzos prolongados ni deportes de competición. Seguir las recomendaciones del médico y/o enfermera.
- Tomar los fármacos según lo prescrito, incluso si empieza a sentirse mejor, para garantizar que la inflamación o la infección desaparezcan por completo.
- Evitar factores que pueden empeorar la inflamación, como el alcohol y/o estrés físico o emocional excesivo. Dormir bien ayuda a la recuperación inflamatoria.
- El ejercicio suave, como el yoga o los estiramientos, puede ayudar a relajar el cuerpo y combatir la fatiga, en los casos de enfermedad crónica. Un programa de rehabilitación estructurado puede ser beneficioso.
- Acudir a las visitas de seguimiento, exámenes, tratamientos y pruebas diagnósticas periódicas, como análisis de sangre, electrocardiogramas y ecocardiografías.
- Estar alerta a síntomas que reaparecen y que pueden ser sugestivos de la pericarditis.
- La reincorporación al trabajo dependerá de cada caso, según la evolución de la enfermedad y el estado clínico de cada persona y siempre será autorizada por el médico.
Señales de alarma que requieren atención inmediata
- Dificultad para respirar que empeora.
- Dolor en el pecho que se intensifica o se siente diferente.
- Palpitaciones, mareos intensos, desmayos.
- Hinchazón en piernas o abdomen.
- Fiebre persistente.
- Cansancio anormal, sin causa aparente.
Contenido elaborado por Concepción Fernández
Noviembre 2025

