La cardioversión es un procedimiento médico diseñado para restaurar un ritmo cardíaco normal (sinusal) en pacientes que presentan latidos anormalmente rápidos o irregulares, conocidos como arritmias
Existen dos formas de realizarla:
Cardioversión eléctrica: Se aplica una descarga de energía breve y controlada en el pecho mientras el paciente está dormido bajo sedación
Cardioversión farmacológica: Se utilizan fármacos especiales administrados por vena o vía oral para normalizar el latido
Se utiliza principalmente para corregir arritmias como la fibrilación auricular o el aleteo auricular. Puede ser programada, cuando los medicamentos no han funcionado para normalizar el ritmo o para mejorar su calidad de vida y urgente, si la arritmia provoca síntomas graves como desmayos, dolor de pecho, falta de aire o presión muy baja.
La cardioversión eléctrica no se recomienda o debe posponerse si existe riesgo de coágulos (arritmia ha durado mucho tiempo sin anticoagulación al menos 3 semanas), arritmias de muy larga evolución o con niveles de potasio muy bajos en la sangre o si la arritmia es causada por una intoxicación con ciertos fármacos para el corazón (como la digoxina).
Los cuidados incluyen una preparación previa rigurosa y una vigilancia posterior para garantizar la seguridad del paciente y prevenir complicaciones.
Antes del procedimiento, es fundamental informar al paciente y obtener el consentimiento informado.
Debe realizarse en ayunas por la necesidad de sedación, revisar la medicación habitual y, si toma digoxina, controlar sus niveles.
El aspecto más importante es asegurar una anticoagulación adecuada, especialmente si la arritmia dura más de 24-48 horas, comprobando el INR (medida estandarizada del tiempo que tarda la sangre en coagularse) o la correcta toma de anticoagulantes, y realizando una ecocardiografía transesofágica si existen dudas para descartar trombos.
La cardioversión eléctrica programada requiere ayuno de 4–8 horas. Antes del procedimiento, se retiran objetos metálicos o prótesis dentales, se limpia la piel y se coloca al paciente tumbado; además, se canaliza una vía venosa y se monitoriza de forma continua el ritmo cardíaco y las constantes vitales. Se realiza bajo sedación para garantizar confort y seguridad.
Tras la cardioversión, el paciente permanece en observación con monitorización continua, control del nivel de conciencia y realización de un electrocardiograma para confirmar el mantenimiento del ritmo sinusal.
También se revisa la piel por posibles quemaduras leves y se retrasa la ingesta unas horas hasta la recuperación completa.
En las primeras 24-48 horas, suele requerirse reposo relativo, evitar conducir o realizar actividades de riesgo, y acudir acompañado al domicilio por los efectos residuales de la sedación. Son normales leves molestias torácicas o enrojecimiento cutáneo.
A largo plazo, es esencial mantener la anticoagulación al menos 4 semanas, continuar si existe riesgo embólico, valorar tratamiento antiarrítmico, acudir a revisiones periódicas y aprender a controlar el pulso.
Se recomiendan hábitos cardiosaludables como evitar alcohol y tabaco, controlar peso, dieta y realizar actividad física regular, según las indicaciones del médico, estando alerta a mareos o falta de aire excesiva.
Debe buscarse atención urgente si aparecen dolor torácico, disnea intensa, síncope o síntomas neurológicos.
Concepción Fernández
Actualizado febrero 2026
