Los anticoagulantes son fármacos que hacen que la sangre tarde más en coagular, ayudando a prevenir la formación de trombos o embolias.
Existen distintos tipos de fármacos que actúan sobre la coagulación de la sangre:
Anticoagulantes: retrasan la coagulación actuando sobre las proteínas de la sangre.
Antiagregantes: evitan que las plaquetas se unan entre sí y formen coágulos.
Fibrinolíticos o trombolíticos: se utilizan en situaciones urgentes para disolver coágulos que ya se han formado, como en infarto, ictus o isquemia aguda de miembros inferiores.
Los anticoagulantes están indicados cuando existe riesgo de formar coágulos, como en la fibrilación auricular, tras un infarto, en trombosis de las piernas, embolia pulmonar o en pacientes con válvulas cardíacas artificiales.
En el embarazo, algunos anticoagulantes orales no se recomiendan por su riesgo para el feto. En estos casos, se suelen utilizar las heparinas, bajo estricto control médico, paraproteger la salud de la madre.
En personas mayores, la edad o el riesgo de caídas no son motivos suficientes para evitar estos tratamientos, ya que se benefician especialmente de la anticoagulación, ya que ayuda a prevenir el ictus.
La anticoagulación se divide principalmente en tres grupos: los anticoagulantes clásicos o antivitamina K (AVK), como el acenocumarol (Sintrom®) o la warfarina, los más modernos anticoagulantes orales de acción directa (ACOD), como dabigatrán, rivaroxabán, apixabán y edoxabán y las heparinas inyectables(subcutáneas o intravenosas), que se utilizan sobre todo en el hospital o tras cirugías. También en pacientes que presentan un riesgo elevado de sufrir un evento trombótico mientras se suspende la medicación oral para una cirugía.
Los anticoagulantes requieren una serie de cuidados para que sean eficaces y seguros. Estos pueden variar según el tipo de medicamento, aunque también existen recomendaciones comunes.
Antivitamina K (AVK)
Estos fármacos actúan interfiriendo con la vitamina K, necesaria para la coagulación. Por ello, es imprescindible realizar controles periódicos de sangre (INR), medida estandarizada del tiempo que tarda la sangre en coagularse, para ajustar la dosis. El rango habitual suele estar entre 2 y 3: valores bajos aumentan el riesgo de trombosis y valores altos el riesgo de sangrado.
No es necesario evitar alimentos ricos en vitamina K (como verduras de hoja verde), pero sí mantener un consumo regular, evitando cambios bruscos en la dieta.
Pueden interactuar con otros fármacos (especialmente antibióticos) y productos naturales, por lo que no se debe tomar nada nuevo sin consultar con el médico.
Anticoagulantes orales directos (ACOD)
Estos fármacos tienen un efecto más predecible y no requieren controles rutinarios de INR. Sin embargo, es importante tomar la dosis de forma estricta y sin olvidos, ya que su efecto desaparece rápidamente si se suspenden.
Es necesario controlar la función renal mediante revisiones médicas, ya que los riñones intervienen en su eliminación. En algunos casos, como con el rivaroxabán, se recomienda tomarlo con alimentos para asegurar su correcta absorción.
Cuidados comunes
El principal riesgo de todos los anticoagulantes es el sangrado. Se debe consultar si aparecen hematomas sin causa, sangrado de encías o nariz, sangre en orina o heces, o si un sangrado no cede.
Es recomendable tomar la medicación siempre a la misma hora, no se deben tomar junto con antiácidos y se debe limitar el consumo de alcohol, ya que puede potenciar el efecto anticoagulante.
Se deben evitar actividades con alto riesgo de golpes o caídas, ya que pueden provocar hemorragias internas.
Se debe consultar siempre antes de cualquier intervención médica o dental. El médico indicará si es necesario suspender temporalmente el tratamiento, según el tipo de fármaco y el riesgo hemorrágico del procedimiento.
Concepción Fernández
Febrero 2026
