La ablación cardíaca es un procedimiento mínimamente invasivo que consiste en producir pequeñas lesiones controladas en el tejido cardíaco para eliminar o bloquear los focos eléctricos anómalos responsables de las arritmias. Generalmente se realiza mediante radiofrecuencia (calor) o crioablación (frío) y constituye un tratamiento potencialmente curativo para muchas arritmias.
Está indicada en palpitaciones frecuentes o taquicardias (como el síndrome de Wolff-Parkinson-White o el flutter auricular), fibrilación auricular y mareos o desmayos cuya causa se sospecha que es un problema del ritmo cardíaco.
El procedimiento suele realizarse tras un estudio electrofisiológico. Requiere consentimiento informado.
Se realiza con anestesia local en la zona de punción, habitualmente la ingle(vía femoral), introduciendo catéteres hasta el corazón bajo fluoroscopia (Rx)o mapeo tridimensional (reconstruye el corazón en 3D en tiempo real). Una vez localizado el foco arrítmico, se aplica la energía seleccionada para destruirlo. Tras retirar los catéteres, se aplica presión manual y un vendaje compresivo en la ingle para evitar sangrados.
El estudio electrofisiológico y la ablación son procedimientos generalmente seguros y eficaces, aunque pueden presentar complicaciones y requieren cuidados específicos antes y después.
Las complicaciones más habituales son el hematoma o sangrado en la zona de punción, el dolor local o torácico y las palpitaciones o arritmias transitorias. De forma más rara, pero potencialmente grave, pueden presentarse lesiones vasculares, perforación cardíaca con taponamiento, bloqueo cardíaco con necesidad de marcapasos, eventos embólicos como ictus, infarto o embolia pulmonar, y lesiones sobre estructuras cercanas como el nervio frénico, el esófago o las arterias coronarias.
Antes del procedimiento, el paciente debe realizar ayuno, higiene con jabón antiséptico, rasurado de ingles y tórax, y retirar prótesis u objetos metálicos.
Tras el procedimiento, el paciente debe permanecer encamado y con la pierna totalmente estirada entre 6 y 12 horas. El tiempo exacto depende de si se realizó solo un estudio o una ablación, y de si el paciente estaba bajo tratamiento anticoagulante
Se suele mantener el ayuno unas 2 horas más tras finalizar antes de probar la tolerancia a líquidos y sólidos.
El alta hospitalaria tras un estudio electrofisiológico o una ablación se produce, por lo general, a la mañana siguiente del procedimiento, tras un electrocardiograma de control para verificar el ritmo cardíaco. Se entrega un informe de alta médico y de enfermería, para compartir con Atención Primaria.
El tratamiento posterior depende del tipo de arritmia y de la eficacia del procedimiento, pudiendo requerir antiarrítmicos, anticoagulación o incluso dispositivos como marcapasos o desfibriladores.
Se requiere seguimiento médico periódico para comprobar que se mantiene el ritmo sinusal y detectar posibles recurrencias, con electrocardiogramas de control y, en algunas arritmias, revisiones más específicas.
En el domicilio, se aconseja reposo relativo durante una semana. Se puede caminar, pero se deben evitar esfuerzos intensos o levantar peso.
Se recomienda no conducir durante los primeros 2 o 3 días después de la prueba.
Aunque la tasa de éxito es alta, existe riesgo de recidiva, por lo que algunos pacientes pueden necesitar una segunda ablación.
Si reaparecen palpitaciones, mareos o disnea, debe consultarse de forma precoz con el cardiólogo.
Concepción Fernández
Actualizado febrero 2026
