Entrevista AEEC - Entrevistamos a Montserrat Puga Martínez
Enfermera IC
Hospital Alto Guadalquivir de Andújar (Jaén)
¿Podrías contarnos cómo y cuando comenzaste a trabajar en la Unidad de insuficiencia cardiaca?
Cuando comencé a trabajar en la UIC, en 2011, todo era nuevo. La figura de la enfermera especializada en esta área apenas empezaba a consolidarse, y nuestro día a día transcurría entre ilusión de crear algo innovador y la incertidumbre de no contar aún con estructuras establecidas. No existían protocolos específicos ni circuitos asistenciales claramente establecidos. La coordinación entre distintos niveles de atención era incipiente y en muchos casos, dependía más de la voluntad y el compromiso de los profesionales que de los procedimientos formales. Cada paciente era una oportunidad para aprender y dependía, más que de procedimientos formales, del compromiso de los profesionales.
Cada paciente representaba una oportunidad de aprendizaje: había que organizar la consulta, establecer un sistema de seguimiento, diseñar materiales educativos y definir criterios de derivación. En aquellos primeros años, la observación y la escucha fueron nuestras principales herramientas. Pronto comprendimos que, más allá de la complejidad clínica, las personas con insuficiencia cardíaca necesitaban acompañamiento, educación y continuidad asistencial. Así, la enfermera de IC comenzó a ocupar un papel clave, no solo en la monitorización y el control del tratamiento, sino también en la educación sanitaria, el fomento del autocuidado y el apoyo emocional.
Fueron años de aprendizaje constante, cada pequeño avance, una hoja de registro, una llamada que evitaba un ingreso… confirmaba que íbamos por buen camino.
Mirar atrás más de una década después me llena de satisfacción: aquellos comienzos llenos de entusiasmo e improvisación sentaron las bases de una atención más humana, estructurada y eficaz. Ser testigo del desarrollo de la enfermera de insuficiencia cardíaca desde sus primeros pasos ha sido una de las experiencias más enriquecedoras de mi carrera.
La unidad de IC del Hospital Virgen de las Nieves fue una de las primeras en Andalucía ¿podrías contarnos cuando se puso en marcha y cómo fueron aquellos inicios? ¿Qué retos encontrasteis como equipo enfermero al desarrollar un modelo de atención que en ese momento era tan novedoso?
Formar parte de la puesta en marcha de una de las primeras unidades de IC en Andalucía fue una experiencia profundamente transformadora. En aquel momento, la atención a estos pacientes estaba muy centrada en el ámbito hospitalario y agudo, sin una estructura definida para el seguimiento continuado ni para la educación sanitaria de pacientes y familias.
Desde el rol de enfermería, los inicios fueron todo un desafío: no existían modelos previos cercanos por lo que hubo que construir un enfoque integral desde cero. Fue necesario definir protocolos, diseñar circuitos asistenciales, coordinar con atención primaria y cardiología, y sobre todo, convencer de la importancia de una atención multidisciplinar y centrada en la persona. Uno de los mayores retos fue implantar la figura de la enfermera gestora de casos en IC, un papel novedoso entonces, que implicaba combinar competencias clínicas avanzadas con habilidades de comunicación, educación terapéutica y coordinación.
A pesar de la falta de recursos y de cierta resistencia al cambio, la motivación y la evidencia clínica impulsaron el proyecto.
Poco a poco, vimos como los pacientes ganaban autonomía, cómo disminuían las descompensaciones y cómo se consolidaba un nuevo modelo de atención. Con el tiempo, vimos cómo los pacientes ganaban autonomía, cómo disminuían las descompensaciones y cómo se consolidaba un modelo de atención más humano y eficaz. Mirando atrás, fue un proceso que marcó un antes y un después en la atención a la IC en Andalucía, y del que me siento profundamente orgullosa.
A lo largo de tu trayectoria, ¿qué ha significado para ti trabajar como enfermera especializada en Insuficiencia Cardíaca? ¿Qué ha aportado profesional y personalmente?
Trabajar como enfermera especialista en IC ha sido una experiencia muy significativa. Me ha permitido crecer profesionalmente, adquirir conocimientos más profundos sobre el manejo integral de la enfermedad y el acompañar a las personas más allá de lo clínico. Pero, sobre todo, me ha enseñado el valor de empatía, la escucha y la educación sanitaria como herramienta clave para mejorar la calidad de vida de los pacientes.
A nivel personal, ha sido un camino que me ha hecho más sensible y consciente de la importancia del cuidado humano. Cada paciente me ha recordado que detrás de cada diagnostico hay una historia, y eso ha reafirmado mi vocación y mi compromiso con esta profesión.
¿Recuerdas algún momento o caso especialmente significativo que haya marcado tu paso por la unidad?
Recuerdo especialmente a una paciente joven, de 37 años, que había superado un linfoma, pero la quimioterapia le provocó una insuficiencia cardíaca. Era una persona positiva, aunque le costaba aceptar que, tras superar el cáncer, debía enfrentarse a otra enfermedad. Con ella trabajé intensamente en la educación para el autocuidado —el control del peso, la medicación, los síntomas de alarma—, pero sobre todo en el acompañamiento emocional.
Cuando le comunicaron que podría necesitar un trasplante, se derrumbó. En ese momento comprendí lo valioso que puede ser simplemente escuchar, estar presente y ofrecer apoyo más allá de lo técnico. Ese caso me marcó profundamente, porque me recordó que la enfermera no trata solo síntomas, sino personas, y que la empatía y la comunicación son tan importantes como cualquier tratamiento.
Desde tu experiencia, ¿cómo ha evolucionado el papel de las enfermeras en el manejo de los pacientes con IC desde aquellos primeros años hasta hoy?
Desde que empecé, he visto una gran evolución en el papel de la enfermera en IC. Antes, nuestro trabajo era más asistencial y dependiente del seguimiento médico; hoy tenemos un rol mucho más activo y autónomo. Somos figuras clave en la educación del paciente y su familia, en la detección precoz de descompensaciones y en la coordinación de cuidados con el resto del equipo. Aportamos una mirada integral, cercana y humana que marca la diferencia en la calidad de vida de los pacientes.
En tu opinión, ¿Cuáles son las competencias más importantes que debe tener una enfermera que trabaja en una unidad de IC?
La enfermera de una unidad de IC necesita un conjunto de competencias clínicas, técnicas y humanas muy específicas, ya que trata con pacientes complejos y en seguimiento continuo. Debe dominar la valoración integral del paciente, conocer la fisiopatología de la IC y el manejo del tratamiento farmacológico, y contar con habilidades de educación terapéutica y comunicación efectiva.
Igualmente, importantes son la capacidad de trabajo en equipo y la coordinación asistencial, así como la empatía, la ética y la gestión emocional. Además, la actualización profesional, la participación en protocolos y la implicación en proyectos de investigación resultan esenciales para mantener la calidad del cuidado.
¿Qué aspectos crees que deberían mejorar para poner en valor el papel de las enfermeras en insuficiencia cardiaca, tanto dentro de los equipos como a nivel institucional o social?
Las enfermeras especializadas en IC desempeñan un papel fundamental, pero su labor no siempre recibe el reconocimiento institucional ni social que merece. Es necesario definir con claridad su rol, garantizar su autonomía y ofrecer estabilidad profesional.
También resulta clave promover una formación avanzada, tanto clínica como científica, y dar mayor visibilidad al impacto real que su trabajo tiene en la salud de los pacientes y en la sostenibilidad del sistema. Finalmente, las enfermeras deben tener una participación activa en la toma de decisiones, liderando procesos asistenciales y no limitándose únicamente a la ejecución del cuidado.
Ahora ya te has jubilado, ¿Qué mensaje te gustaría dejar a las enfermeras que actualmente trabajan o se están formando para trabajar en estas unidades?
He dedicado buena parte de mi vida a acompañar corazones cansados; algunos débiles, otros valientes, todos profundamente humanos. Si algo he aprendido, es que la enfermera en insuficiencia cardiaca va más allá de medir una presión o ajustar un diurético. Se trata de cuidar la esperanza, de sostener con ternura y conocimiento a quienes conviven con una enfermedad crónica, y de enseñarles que todavía pueden vivir con calidad y dignidad.
Para terminar, si tuvieras que definir en una frase lo que ha significado para ti tu paso por la Unidad de IC del Hospital Virgen de las Nieves, ¿Cuál sería?
Formar parte de la UIC del Hospital Virgen de las Nieves ha significado contribuir, desde la enfermería, a un modelo de atención humana, científica y comprometida con la excelencia del cuidado.
