La disección aórtica es una urgencia médica grave que ocurre cuando se desgarra la capa interna de la aorta, permitiendo que la sangre se introduzca entre sus capas y forme un “falso canal”, lo que puede comprometer el riego a distintos órganos.
Según su evolución, puede ser hiperaguda (<24 h), aguda (1–14 días), subaguda (15–90 días) o crónica (>90 días). La clasificación más utilizada es la de Stanford:
Tipo A: afecta a la aorta ascendente, es la más grave y requiere cirugía urgente.
Tipo B: afecta a la aorta descendente, suele tratarse inicialmente con medicación, aunque puede precisar intervención si hay complicaciones.
Los principales factores de riesgo son la hipertensión arterial, enfermedades hereditarias del tejido conectivo (como los síndromes de Marfan o Loeys-Dietz), la edad avanzada y los traumatismos torácicos.
Disección aguda
La disección tipo A es una urgencia vital con alta mortalidad si no se trata de inmediato. En la fase aguda, el síntoma típico es un dolor súbito, muy intenso, en el pecho, que puede irradiarse hacia la espalda, el abdomen o las piernas, descrito como un desgarro, que puede acompañarse de desmayo, dificultad para respirar o signos neurológicos. Ante estos síntomas, es imprescindible acudir de inmediato a urgencias.
El tratamiento es quirúrgico y debe realizarse en centros especializados. Antes de la intervención se controla de forma estricta la presión arterial y la frecuencia cardíaca con medicación intravenosa. La cirugía consiste en reemplazar el segmento dañado de la aorta y, si es necesario, reparar o sustituir la válvula aórtica.
La disección tipo B también suele comenzar con dolor intenso y repentino en el pecho o la espalda, que puede extenderse hacia el abdomen y acompañarse de presión arterial elevada. En algunos casos puede comprometer la circulación hacia órganos como los riñones, el intestino o las piernas.
El tipo B, si no presenta complicaciones, se maneja con tratamiento médico intensivo (control de la presión arterial, frecuencia cardiaca y dolor), reservando la intervención, a menudo endovascular. para casos complicados(rotura, falta de riego a órganos o dolor persistente).
Disección aórtica crónica
Se considera crónica cuando han transcurrido más de 90 días desde el inicio. En esta fase, los síntomas suelen ser menos evidentes. Algunas personas no presentan molestias, mientras que otras pueden tener dolor torácico leve, presión arterial difícil de controlar o insuficiencia cardíaca relacionada con alteraciones de la válvula aórtica.
Con el tiempo pueden aparecer complicaciones como dilatación de la aorta (aneurisma), crecimiento del falso canal o problemas de circulación hacia distintos órganos.
El tratamiento se basa en el control estricto de la presión arterial, habitualmente con betabloqueantes revisiones periódicas con pruebas de imagen y cirugía o tratamiento endovascular si aparecen complicaciones, la aorta se dilata en exceso o si hay síntomas persistentes.
El control de los factores de riesgo cardiovascular, el cumplimiento estricto del tratamiento y la adopción de hábitos de vida saludables son esenciales para prevenir nuevas complicaciones tras una disección aórtica.
Se recomienda realizar ejercicio físico aeróbico moderado, como caminar, nadar o montar en bicicleta a ritmo suave, evitando esfuerzos intensos, levantamiento de peso elevado y deportes de contacto que puedan provocar aumentos bruscos de la presión arterial. Es fundamental abandonar el tabaco y seguir una dieta equilibrada, baja en sal y grasas saturadas y rica en fibra, como la dieta mediterránea.
El manejo del estrés y un descanso adecuado también ayudan a mantener un buen control de la tensión arterial. Es aconsejable controlar la presión arterial en el domicilio y registrar sus valores de forma periódica.
Ante la aparición de dolor intenso en el pecho, la espalda o el abdomen, se debe acudir de inmediato a urgencias, ya que puede indicar una complicación o recurrencia.
Concepción Fernández
Actualizado febrero 2026

