La coartación de aorta es una cardiopatía congénita que consiste en un estrechamiento localizado de la aorta, la arteria principal que lleva la sangre desde el corazón al resto del cuerpo. Habitualmente se sitúa después de la arteria que irriga el brazo izquierdo, dificultando el paso de sangre hacia la parte inferior del organismo.
Esto suele provocar presión arterial alta en los brazos y más baja en las piernas, con pulsos más débiles en las extremidades inferiores. Una diferencia de más de 20 mmHg entre la presión del brazo y la de la pierna puede hacer sospechar esta enfermedad.
La coartación de aorta puede asociarse a complicaciones incluso después del tratamiento, como hipertensión arterial persistente, insuficiencia cardíaca, aneurismas cerebrales, aneurismas de aorta, recoartación (nuevo estrechamiento tras la reparación) y mayor riesgo de eventos cardiovasculares prematuros.
Por ello, es fundamental realizar controles médicos periódicos durante toda la vida para detectar y tratar a tiempo posibles complicaciones.
Los síntomas, en muchas personas pueden estar ausentes durante años y descubrirse de forma casual en una exploración médica o durante el estudio de una hipertensión arterial no explicada, especialmente en personas jóvenes. Cuando aparecen síntomas, los más frecuentes son hipertensión arterial persistente, dolor de cabeza, cansancio con el esfuerzo y dolor o fatiga en las piernas al caminar.
El diagnóstico se confirma mediante pruebas de imagen.
La ecocardiografía suele ser la primera prueba, ya que permite detectar el estrechamiento de la aorta y valorar su gravedad. Cuando es necesario estudiar con mayor detalle la anatomía de la aorta, se utilizan resonancia magnética o tomografía computarizada, que ayudan a medir el grado de obstrucción y a identificar posibles vasos colaterales.
El tratamiento es fundamental y consiste en el control estricto de la hipertensión arterial con fármacos antihipertensivos, como betabloqueantes o medicamentos que actúan sobre el sistema renina-angiotensina (IECA o ARA-II), tanto antes como después de la intervención.
Las opciones de tratamiento intervencionista incluyen:
El tratamiento endovascular: Consiste en colocar un stent, una malla metálica expandible que se introduce mediante un catéter, generalmente a través de una arteria de la ingle, para abrir la zona estrecha de la aorta y mejora el flujo de sangre. En adultos suele ser la primera opción cuando la anatomía es favorable.
La cirugía: Consiste en retirar el segmento estrecho y unir los extremos sanos, ampliar la zona afectada o utilizar un injerto para restablecer el flujo. Se reserva para situaciones más complejas, como estrechamientos largos, afectación del arco aórtico, presencia de aneurismas o cuando el tratamiento con stent no ha sido eficaz.
Ambos tratamientos suelen mejorar el flujo sanguíneo y reducir la presión arterial. En general, la cirugía ofrece menor riesgo de que el estrechamiento reaparezca a largo plazo, mientras que el tratamiento endovascular tiene menor riesgo inmediato y una recuperación más rápida, aunque puede requerir controles más estrechos.
La elección del tratamiento se realiza de forma individualizada, teniendo en cuenta la anatomía de la aorta, la edad y las características de cada paciente.
Las medidas generales, en los pacientes con coartación de aorta, se centran en el control de la presión arterial, la actividad física adaptada y el seguimiento médico a largo plazo.
La actividad física debe individualizarse. Los pacientes sin hipertensión ni obstrucción residual pueden realizar la mayoría de actividades, aunque se aconseja evitar el deporte de competición o de contacto. En cambio, quienes presentan hipertensión deben evitar ejercicios de gran esfuerzo, especialmente los isométricos. Tras la corrección de la coartación, el ejercicio suele retomarse de forma progresiva después de unos seis meses, y la rehabilitación cardíaca puede ser beneficiosa.
El seguimiento cardiológico de por vida es fundamental para detectar posibles complicaciones y controlar la presión arterial. En mujeres con coartación de aorta, el embarazo debe planificarse y controlarse por un equipo médico especializado, ya que algunos fármacos para la hipertensión están contraindicados durante la gestación.
Concepción Fernández
Actualizado febrero 2026

