El aneurisma de aorta es una dilatación anormal de la pared de la aorta (desde su salida del corazón hasta el abdomen) que debilita la arteria y aumenta el riesgo de complicaciones graves, como la rotura o la disección aórtica. Se considera aneurisma cuando el diámetro de la aorta aumenta más de un 50 % respecto a su tamaño normal.
Los aneurismas de la aorta torácica afectan a la raíz y a la aorta ascendente con frecuencia por causas hereditarias o congénitas, mientras que los de la aorta descendente suelen deberse a procesos degenerativos.
A menudo no producen síntomas y se detectan de forma casual; cuando aparecen, pueden incluir falta de aire, cambios en la voz, hinchazón facial o dolor torácico o interescapular. Sus principales complicaciones son la rotura, la disección aórtica, la
Los aneurismas de la aorta abdominal son más frecuentes y se asocian a la aterosclerosis y al envejecimiento. Generalmente son asintomáticos hasta fases avanzadas, en las que pueden causar dolor abdominal o lumbar o sensación pulsátil en el abdomen. Su rotura provoca dolor brusco, hipotensión y shock, constituyendo una urgencia vital. También pueden complicarse con trombosis, embolias, compresión de órganos o formación de fístulas.
Todos los aneurismas requieren seguimiento periódico mediante pruebas de imagen, como ecografía o tomografía computarizada (TAC), para controlar su tamaño y crecimiento; un aumento superior a 0,5 cm al año obliga a una vigilancia más estrecha.
El tratamiento busca evitar que el aneurisma aumente de tamaño o se rompa y reducir el riesgo cardiovascular. Según el caso, pueden utilizarse fármacos como betabloqueantes, inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina (IECA) y estatinas y es esencial controlar los factores de riesgo, especialmente la presión arterial y el colesterol, siguiendo el tratamiento médico indicado.
Si el aneurisma crece rápidamente, alcanza un tamaño determinado o presenta alto riesgo de complicaciones, puede ser necesario repararlo. Hay dos opciones principales:
Reparación endovascular: Se coloca una endoprótesis en la aorta mediante un catéter, generalmente introducido por la arteria de la ingle o del brazo, guiado por rayos X. Se utiliza con más frecuencia en aneurismas de la aorta abdominal o en pacientes con alto riesgo quirúrgico. La recuperación es más rápida, tiene menor riesgo inmediato, pero requiere controles periódicos y, en algunos casos, nuevas intervenciones a largo plazo.
Cirugía abierta: Se sustituye el segmento enfermo de la aorta por un injerto protésico (habitualmente de Dacron) que se sutura a los segmentos sanos. Suele indicarse en aneurismas grandes, en anatomías no adecuadas para tratamiento endovascular, en enfermedades genéticas o en pacientes jóvenes con buena expectativa de vida. Conlleva un mayor riesgo inicial, pero ofrece mayor durabilidad y menor probabilidad de reintervención.
Tras cualquier tratamiento es fundamental realizar controles periódicos con pruebas de imagen para comprobar el éxito de la reparación y detectar posibles complicaciones, como fugas de sangre, crecimiento del aneurisma o desplazamiento de la prótesis.
El estilo de vida saludable ayuda a reducir el riesgo perioperatorio y la morbilidad cardiovascular, a retrasar el crecimiento de la dilatación, y a prevenir complicaciones.
Una de las medidas más importantes es dejar de fumar por completo, ya que el tabaco debilita la pared de los vasos sanguíneos y aumenta el riesgo de rotura.
Se recomienda seguir una alimentación saludable, preferiblemente de tipo mediterráneo, rica en frutas, verduras, legumbres, pescado y cereales integrales, y limitar el consumo de sal y grasas poco saludables.
La actividad física moderada, como caminar de forma regular, es beneficiosa para controlar la presión arterial y mejorar la salud cardiovascular, aunque siempre debe adaptarse a la situación de cada paciente.
Concepción Fernández
Actualizado febrero 2026

